Lisboa, la capital, construida alrededor de su castillo y sobre siete colinas, se encuentra en la orilla derecha del Tajo.
Los barrios altos se visitan con los tranvías y los funiculares que siguen siendo unos medios de transporte maravillosos para descubrir tranquilamente estos barrios. El corazón de Lisboa se encuentra alrededor de la plaza llamada Rossio. Es el principio de la calle Portas de Santo Antao, una calle peatonal muy animada donde se encuentra el Coliseu dos Recreios, una sala de espectáculos que se construyó en el siglo XIX.
Todavía en el barrio de Baixa, la ciudad baja, la gigantesca plaza del Comercio separa los barrios medievales de Alfama y Mouraria. El laberinto de callejuelas, escaleras y plazas privadas otorgan un increíble encanto a esta parte de la ciudad, muy apacible, donde el tiempo parece haberse detenido. Allí podrás escuchar el mejor fado. Más arriba, el castillo de Sao Jorge es de obligada visita, aunque solamente sea para descubrir desde su parque las vistas panorámicas hacia toda la capital, resguardados por los pinos piñoneros.
El Bairro Alto, se merece una visita por su diversidad: las pequeñas calles típicas se codean con restaurantes y tiendas muy de moda. Muy cerca se encuentra el Chiado y la iglesia do Carmo de estilo gótico, que sorprende con su nave al aire libre.
Después, visita Belém, con el monasterio de los Jéronimos, florón de la arquitectura manuelina, y la torre de Belém, símbolo de la ciudad instalada sobre el Tajo. Y en último lugar, los aficionados al arte estarán encantados con los museos de Arte contemporáneo, de Arte antiguo, de Bellas Artes y de Calouste Gulbenkian (con una colección de piezas únicas que recorre más de 4.000 años de historia, donada por un millonario armenio).
Un sin número de elementos heterogéneos se combinan para producir una atmósfera acogedora y sencilla que ya quisieran para sí muchas grandes capitales europeas.
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